A LOS 64 AÑOS

Anglófilo sexagenario. Cada mañana George prepara su taza de té, recoge los instrumentos de su sala para continuar componiendo. Hoy decidió levantarse con la mejor sonrisa, era su cumpleaños 64.

Desde el balcón vio la luz de la mañana, el ruido de los infantes entranado al colegio frente a su balcón mientras alzaba su bajo fender del año 76, su favorito. Recordó los días junto a su difunta esposa Annie oyendo “When I´m sixty-four” de The Beatles . La canción era un especie de reconciliación de sus 38 años de matrimonio, sus experiencias de pareja, los días de juventud en Londres, la ciudad en la que se formó como músico durante el estallido de la beatlemania. Hoy, no la cantarán juntos. Annie había fallecido hace poco más de seis meses.

Su hermano Charles llegará en unas horas al aeropuerto para celebrar con George. Fue él quien lo introdujo a la música y quien se lo llevó tan joven al Reino Unido. George memorizaba la letra y lo importante de la frase “¿Aún me seguirás necesitando, todavía me seguirás alimentando cuando tenga 64 años?”. Repasaba los acordes para tocarla con su hermano mayor.

La botella de vino ya estaba en la nevera. La guitarra stratocaster con la que juntos recorrían los pubs londinenses, su teclado hammond del 66, otra joya musical que atesoraba en casa. Los instrumentos estaban debidamente afinados en su sitio. Su correo electrónico comenzó a llenarse de felicitaciones, buenos deseos e invitaciones a celebrar.

Abre un escueto mail de Charles desde el aeropuerto que decía: “Hermano, he perdido el vuelo, apenas tenga nueva fecha te lo hago saber. Pásala bien, feliz cumpleaños y mucho rock and roll como nos gusta. Te llamo vía skype en la noche“.

La mirada incrédula de George frente a la pantalla predecía el estallido emocional. Cayó en llanto, dolor, decepción y sintió el insoportable peso de la soledad. Apagó su celular. No solo extrañaba a su esposa, sino que su hermano mayor y héroe familiar tampoco estará con él.

Un whisky seco en vaso corto, sobre el piano de cola, fue la excusa para exorcizar el dolor. Steve Wonder, Ray Charles, Bob Dylan, Charles Bradley, todo el sufrimiento que la música soul es capaz de emanar fue el soundtrack vespertino para George. Rebuscaba partituras, fotos de sus aventuras en el Picadilly Circus, Oxford Street, Portobello Road, Baker Street, Whitehall, el Big Ben, por supuesto Abbey Road, todas esas imágenes en compañía de su esposa y hermano, desde el final de su adolescencia hasta pasada la adultez.

Fue al estudio a buscar unas cintas de VHS donde tenía una recopilación de shows tocando con su hermano, material que su esposa había grabado y recopilado juntos. Oye un sonido en su laptop. Charles lo llama vía skype como prometió.

⎯ ¡Feliz cumpleaños hermanito! ⎯aparecía la imagen de un Charles canoso, de voz fuerte, aún con el vigor y sabiduría que sus anteojos redondos mostraban⎯. Llegué al aeropuerto de Heathrow y cuando hice el registro, me equivoqué de horario y perdí el vuelo. Te pido disculpas.

George no sabía si estallar en rabia o llanto. Era su momento de intercambiar sentimientos con su hermano, el único ser vivo de su familia.

⎯ Tu siempre tan olvidadizo Charles. Mira que muchas veces peleamos porque no dejabas de andar distraído.

⎯ Hay cosas que no cambian hermano ⎯hace una pausa de decepción⎯. Sé lo importante que es para ti que estuviese en Caracas contigo. Estuve escuchando muchas canciones de nuestros días aquí, aquella primera canción de The Beatles que nos aprendimos juntos. Los amigos que hicimos aquí, los que vinieron de Venezuela y se devolvieron.

George comenzaba a llorar, ese instante era importante para él. Quizás el calor humano, el abrazo de su hermano, la compañía. La tecnología había acortado algo de distancia, puede que tuviese sentido ahora. Se tuvo que conformar con eso.

⎯ Te extraño Charles. Eres la única familia que me queda en este momento ⎯responde calmado, reflexiona⎯. Me hubiese gustado ser un poco menos egoísta y haberle concedido el deseo a Annie de tener hijos. Hoy estarían conmigo cantando “When I´m sixty-four“.

⎯ ¡No hay tiempos para lamentaciones! ⎯lo anima Charles⎯. Debes vivir el momento. Tomé las previsiones para solventar mi falla. Si mis cálculos no fallan, en este momento mi hija Penny va a abrir la puerta de tu casa… ¡No te molestes! Le di mi copia de las llaves. Ahora vas a abrazar a tu sobrina.

George, efectivamente oye el abrir de su puerta, junto a una nutrido grupo de personas. Ruido, murmullos, risas, todos van tomando su lugar en el apartamento.

⎯ ¡Feliz cumpleaños tio! ⎯le grita Penny con una voz dulce llena de alegría .

⎯ Tu hija es tan extrovertida como su padre ⎯sonríe George, entre lágrimas, a su hermano a través del monitor.

⎯ ¿Recuerdas cuando nuestra madres nos decía que hiciéramos el bien sin importar la recompensa? ⎯pregunta Charles mientras sonríe como un sabio maestro⎯.Toda esa gente que está entrando jamás olvidó lo gran ser humano que eres George. Has cosechado buenas amistades, nos has enseñado a todos a no perder la pasión por lo que nos gusta y a ti debemos tantas motivaciones.

George ve entrar a sus ex compañeros de banda, ex alumnos que han hecho vida en la música, colegas que alcanzaron el éxito comercial gracias a los consejos de George. Se oyen dos guitarras acústicas entonar unos acordes y los invitados le cantan “With a little help from my friends (Con una pequeña ayuda de mis amigos)” de The Beatles.

⎯ ¡Feliz cumpleaños hermanito! -se despide Charles desde el skype.

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